(Un paréntesis y continuaremos D.m. con la S. Misa.)
Estamos ya en el tiempo “fuerte” de nuestro
calendario litúrgico: Cuaresma, Semana Santa, Resurrección
de Cristo y Pentecostés.
Se inicia la cuaresma....y vemos austeridad en nuestras
iglesias comenzando por el color morado que usará el
sacerdote en las celebraciones de este tiempo. El Evangelio
con que empieza esta etapa nos habla de practicar la
limosna, el ayuno y la oración. Tres maneras de mostrar:
caridad hacia el prójimo, mortificación de nuestras malas
inclinaciones y reconocimiento de la misericordia de Dios
platicando con El., ofreciéndole disculpas y pidiendo su
ayuda.
Sin embargo estas tres cosas se pueden practicar
exteriormente sin llegar a la conversión que nos pide Jesús
(Mc. 1,14-15) Por eso tenemos que examinarnos para conocer
qué cosas nos apartan de Dios y cómo debemos cambiar
–convertirnos- para seguir a Cristo.
Supongamos que D. Facundo trata mal a su esposa, la humilla
delante de sus hijos o extraños, “en todo tiene la razón”,
sus hijos más que amor y respeto le tienen miedo y él no se
ha preocupado de ellos...¿ puede ser buen cristiano si en
este tiempo de cuaresma (o en cualquier otro tiempo) da
limosna, se abstiene de algo que le guste en las comidas, y
va a misa los domingos? Claro que no. Lo que necesita es
respaldar esos actos con una conversión de su mala conducta
en familia.
Tenemos, pues, que aprovechar este tiempo para convertirnos
a Dios, no sólo exteriormente sino sobre todo con un cambio
en nuestra manera de ser si no está de acuerdo con las
enseñanzas de Cristo. ¡Hagámoslo!