Todos nosotros llevamos
muy hondo en el corazón el sello de nuestro origen: Dios.
Estamos hechos a su imagen y no hay en todo el mundo ningún
ser que como el hombre conozca con su razón que Dios existe.
Se siente unido a El, depende de El y por tal motivo le
adora, le pide su ayuda pues se reconoce impotente para
muchas cosas y porque su conciencia condena sus malos
actos, entonces naturalmente también siente necesidad de
aplacar la ira de Dios y tenerlo a su favor.
Este es el principio de los sacrificios con los que el
hombre quiere aplacar la ira divina y tener a Dios de su
parte para sentir su protección..Si los pueblos en general
adoran ídolos, el pueblo judío adora al verdadero Dios
porque el mismo Dios lo instruye.
Los sacrificios del pueblo judío siempre son para el Dios
verdadero.
Al llegar Cristo para perfeccionar la ley resume todos los
sacrificios en uno sólo que es El mismo. Y naturalmente,
aunque no lo lleguemos a captar nunca, este sacrificio es lo
más sublime puesto que rebasa todo lo que se puede ofrecer a
Dios ¿ porqué? Porque es Dios mismo hecho hombre el cual
nos ha amado tanto que ofrece su vida por nosotros; y
digo ofrece porque el sacrificio del calvario se repite una
y otra vez en CADA MISA.
El sacrificio de Jesús es lo máximo y se ofrece al Padre
Eterno no sólo para pedirle favores sino también para que
perdone nuestros pecados.
(Continuará)