Días después de la multiplicación de los
panes la gente buscaba a Jesús y lo encuentran con sus
apóstoles. El les advierte que deben esforzarse mucho más en
conseguir no el alimento perecedero sino el que permaneces
para la vida eterna. (Jn.6, 14-27 )...Y con estas palabras
nace un diálogo muy hermoso. Le preguntan qué deben hacer
para realizar las oras según Dios, y lo primero que les pide
es que crean en El puesto que ha sido enviado por el Padre
celestial. La fe que pide Jesús a su persona es necesaria
...y afirma: “en verdad, en verdad os digo, el que cree
tiene vida eterna. Yo soy pan de la vida”
(Jn. 6, 47-48 )
Los judíos recordarían inmediatamente el maná....Jesús
les aclara: vuestros padres comieron el maná en el desierto
y murieron...yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que
come de este pan vivirá para siempre. El pan que yo les voy
a dar es mi carne para la vida del mundo.
La gente se quedó admirada y pensativa; pero
los fariseos se escandalizaron: ¿ Cómo es posible, se decían,
que este individuo dé su carne a comer y su sangre a beber?
Jesús no se desdijo, al contrario continuó:”
en verdad, en verdad os digo; si no comeis la carne del Hijo
del hombre y no bebeis su sangre no teneis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo
lo resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera
comida y mi sangre es verdadera bebida.” (Jn. 6, 52-56 )
(Continuará)