Resumiendo lo hasta aquí expuesto, Jesús con su sacrificio nos
rescató de la muerte, y nos dio la vida. (en cada Misa
ofrecemos el cuerpo crucificado de Cristo al Padre Eterno) Y
la vida que nos ganó nos la alimenta con su cuerpo y con su
sangre; sin embargo los deseos de nuestro Señor van más
allá. Quiere que estemos incorporados a su persona como si
fuéramos ramas unidas al tronco de un árbol.... que es El.
En la última cena antes de ir al calvario les decía a los
apóstoles: “Yo soy la vid vosotros los sarmientos. El que
permanece en mi y yo en él ese da mucho fruto porque
separados de mí no podeis hacer nada” (Jn.15,5-6)
Por eso al
participar en una celebración de la Santa Misa hemos de
procurar vivir el sacrificio de Cristo y comer su Cuerpo
(comulgar) para que en cada comunión nos sintamos unidos a
Cristo como El quiere. Es entonces cuando debemos pedirle
que no nos separemos de El como los verdes sarmientos de su
vid.
En esa unión va también nuestra unión con el
prójimo que para ser verdadera ha de llevar siempre el sello
del respeto, justicia , paz y amor.
( Continuará... )