|
" Pascuas de Resurrección "
Por el
Padre Jose Luis
Balderas
La
Resurrección de Jesucristo es la piedra angular de nuestra fé.
Sin este hecho histórico no podríamos comprender la vida
después de la muerte. Si pensáramos que la vida solamente es
aquí y ahora, todo caería en el inmenso mar de la frustración.
Pero Jesucristo está vivo y podemos sentir, aunque luego lo negamos, el impulso suave, y a veces fuerte, de su presencia en
nuestras vidas.
Una vez un niño
y su abuelo fueron a una montaña a volar un papalote. Veían cómo
el papalote planeaba cada vez más alto hasta que una nube baja
lo ocultó a la vista. Hijo, dijo el abuelo, tal vez un ladrón
atrás de esa nube robó tu papalote. Pero el niño moviendo su
cabeza afirmaba que no era así.
Poco después el abuelo le volvió a decir, hijo te
apuesto a que un ladrón allá arriba de esa nube te arrebató
el papalote. Pero la respuesta del niño fue la misma y con más
convencimiento respondió, no es así abuelo.
Finalmente
el abuelo preguntó al pequeño niño, qué te hace estar tan
seguro que nadie ha robado tu papalote? El niño replicó, es
que yo siento algo que tú no puedes sentir. Yo puedo sentir el
jalón del papalote en la cuerda entre mis manos.
Toda nuestra
vida, al menos cuando hemos puesto un poco de atención, hemos
sentido pequeños
jalones en nuestro corazón, breves susurros interiores que de
alguna manera nos hacen entender que no estamos solos y nos dan la corazonada de que estamos destinados para algo muy especial más
allá de la vida presente.
Hoy,
en este mundo de extraversión, esos jalones interiores
están siendo cada vez más sutiles y por lo mismo muy difícil de percibir. En consecuencia las más de las veces no les damos
importancia, los rechazamos o simplemente no nos fiamos de ellos.
Pero ello no quiere decir que nunca han existido en nuestro
interior.
Jesús, cuando vino, nos anunció de esos leves impulsos y esos
interiores susurros. Y nos dijo que nos fiáramos de ellos porque
es Dios que nos habla asegurándonos que somos sus hijos muy
queridos, destinados a algo mucho mejor.
Quisiéramos
creerlo así pero es muy difícil. Porque la rutina de la vida,
con sus dolores y tristezas nos afirma lo contrario. Y nos da miedo ser engañados por nuestros propias aspiraciones e
interiores deseos de algo mejor y trascendente.
Por
suerte Jesucristo ha estado activo hasta el día de hoy. Al fin
de su vida nos dio un signo en el que eternamente podemos
confiar: Nos dio el signo de su propia Muerte, Sepultura y
Resurrección de entre los muertos como garantía de que sus
palabras y pequeños impulsos que hemos sentido en nuestras
vidas, pueden ser por siempre motivos de verdadera confianza.
|