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por
Ignacio Gómez.
20/06/2000
00:00
GMT+1
De
un tiempo a esta parte las principales
multinacionales del
mundo parecen haberse dado cuenta de que la unión hace la fuerza.
Así, compañías que antes se despedazaban en sangrientas
batallas empresariales en las que no se hacían prisioneros
trabajan ahora conjuntamente, como
buenos hermanos, en el desarrollo de tecnologías que cambiarán
sustancialmente la vida de los ciudadanos.
Dos
de las que más admiración despiertan son WAP y Bluetooth.
Mientras que la primera se ha convertido en el hijo favorito de la
industria y se encuentra en boca de casi todos, la segunda, que
permite la interconexión de todo tipo de dispositivos electrónicos
sin necesidad de cables, es una gran desconocida del público,
pese a estar respaldada por casi 2.000 empresas. La celebración
durante la semana pasada del Congreso Bluetooth en Montecarlo y la
aparición en el mercado de sus primeras aplicaciones comerciales
puede hacer que, como
sucede con el nacimiento del
último hijo, todos los ojos se vuelvan hacia ella.
El
número hace la fuerza
La
tecnología Bluetooth (diente azul) debe su nombre al rey Harald
II de Dinamarca -y luego de Noruega-, que alcanzó el cénit de su
poder hacia finales del siglo X y que sucumbió bajo la flecha
lanzada por el tutor de uno de sus hijos, que conspiraba sin rubor
contra su padre.
Las
teorías sobre el origen del
nombre son diversas.
La oficialista sostiene, frente a la desbocada imaginación de
algunos que castigan sin piedad la pobre dentadura real, que el
nombre proviene de dos palabras de origen danés que significan
'hombre notable' y 'piel oscura'.
Pero
lo verdaderamente importante es la fuerza con la que el espíritu del
rey vikingo ha renacido. Hace escasamente seis años un puñado de
compañías entre las que se
encontraba
el fabricante de teléfonos Ericsson comenzaron a
investigar las posibilidades de la nueva tecnología. Hoy son
nueve de las empresas más importantes del mundo (Ericsson, IBM,
Nokia, Toshiba, 3Com, Lucent Technologies, Microsoft y Motorola)
quienes forman el Gupo Promotor dentro del consorcio Bluetooth,
formado por cerca de 1.900 fabricantes de todos los sectores
imaginables que colaboran conjuntamente en el desarrollo e
implantación de la nueva tecnología.
A
comienzos del
siglo XXI, el rey Harald se ha transmutado en un pequeño
transmisor de radiofrecuencia que permite conectar entre sí todo
tipo de dispositivos electrónicos (teléfonos, ordenadores,
impresoras, faxes, etc) situados dentro de un radio limitado de 10
metros (ampliable a 100, aunque con mayor distorsión) sin
necesidad de utilizar cables.
El
transmisor está integrado en un pequeño microchip de 9x9 milímetros
y opera en una frecuencia de banda global (2,4 GHz, utilizada en
muchos países para usos médicos y científicos) que asegura la
compatibilidad universal. Los dispositivos que incorporan
Bluetooth se reconocen y se hablan de la misma forma que lo hace
un ordenador con su impresora. El canal permanece abierto y no
requiere la intervención directa y constante del
usuario cada vez que se quiere enviar algo.
El
transmisor permite enviar voz y datos a una velocidad máxima de
700 Kb/seg.
y consume un 97% menos que un teléfono
móvil. Además, es inteligente: cuando el tráfico de datos
disminuye el transmisor adopta el modo bajo de consumo de energía.
La
especificación v.1.0.(la única actualmente disponible) permite
conectar hasta siete dispositivos
'esclavos'
a uno 'maestro', creando una microred de dispositivos
sincronizados que luego puede comunicarse con otras redes
paralelas.
Un
pequeño chip que nos cambiará la vida
Las
aplicaciones de Bluetooth son casi infinitas y permiten cambiar
radicalmente la forma en la que los usuarios interactúan con los
teléfonos móviles y otros dispositivos.
Una
de las primeras compañías en lanzar un producto Bluetooth ha
sido Ericsson.
Se trata de un teléfono móvil que se vende con unos auriculares
activables mediante voz. De esta forma, se
puede llevar el teléfono en el bolsillo o dejarlo en la guantera del
automóvil mientras se envían y reciben llamadas.
Por
su parte, IBM y Toshiba trabajan para incorporar en sus
ordenadores portátiles una tarjeta Blueetooth fabricada por
Motorola que permitirá intercambiar datos con otros portátiles,
PCs, impresoras, etc.
Pero
la fiebre Bluetooth no ha hecho sino empezar.
En el año 2005 habrá más de 670 millones de
dispositivos Bluetooth, según un estudio de Cahners In-Stat
Group.
Alianzas
como
las de Nokia y Fuji permitirán a los propietarios de cámaras
digitales hacer fotos para luego transmitirlas a través del móvil
a la impresora situada en casa o al disco duro del ordenador.
Mientras, compañías como
Motorola y JVC desarrolan conjuntamente tecnologías aún más
avanzadas que harán estos avances extensibles al vídeo o al DVD.
En
los próximos dos años Bluetooth se hará ubicuo y se incorporará
a dispositivos como
reproductores de MP3 o incluso electrodomésticos.
La
compañía japonesa Sony trabaja con denuedo en la implantación
de microchips Bluetooth en toda su gama de productos. En
sólo un par de años caminaremos escuchando música en un
reproductor MP3 mientras descargamos nuevas canciones y
actualizamos el repertorio musical a través del
móvil (de tercera generación, por si hubiera duda.)
La
utilidad de Bluetooh sólo está delimitada por la imaginación de
los ingenieros y los usuarios. Los más visionarios creen que los
teléfonos móviles evolucionarán hacia otros dispositivos
capaces de intercambiar información con cualquier aparato. Así,
podremos subir al autobús y sentarnos mientras el billete nos es
facturado a nuestro monedero electrónico; o pasearnos por el
supermercado con el carro lleno de alimentos mientras la información
de la tarjeta de crédito se transmite directamente a la cajera.
No
todo es tan bonito como
parece
Por
su puesto, Bluetooth todavía tiene algún pequeño problema que
solucionar.
Los microchips no son baratos y no se espera
que su precio alcance los 10 dólares hasta el 2002. Por
su parte, la velocidad de transmisión, aunque considerable,
pronto quedará empequeñecida por la capacidad de los móviles de
tercera generación.
Y
pese a que los prototipos de dispositivos Bluetooth se reproducen como
las chinches, no sucede lo mismo con los programas informáticos
que deben regular su funcionamiento.
Además,
el espectro de radiofrecuencia en el que opera no está abierto al
público en todos los países.
En lugares como
Francia o España el uso del
espectro está restringido y se requiere la aprobación explícita
del
gobierno.
La
interoperabilidad, pilar sobre el que se sustenta Bluetooth, es
uno de los factores que se someterán a tensiones en el largo
plazo. Con miles de compañías diseñando productos y
aplicaciones Bluetooth, será difícil mantenerlas a todas bajo el
mismo manto.
Aun
así, las desventajas son mínimas cuando se comparan con los
beneficios de disfrutar de un mundo sin cables.
Las compañías son conscientes y se lanzan como aves de rapiña
sobre los fabricantes de componentes de radio frecuencia, en un
intento por asegurarse el suministro en un mercado que en el año
2001 moverá 1.000 millones de dólares según Cahners In-Stat
Group.
Una
revolución tecnológica impulsada por un colosal ejército
empresarial se acerca con pasos de gigante. Y pronto, muy pronto
habrá de llamar a nuestra puerta...
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