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Por
Darío Pescador
06/06/200120:53
GMT+1
Imagine.
No está tan lejos, puede que un año o dos. Puede
que mañana.
Al
entrar en la oficina su teléfono móvil o su PDA le sirve para
identificarse y fichar (si todavía se hace eso).
Con él paga también en la máquina
del
café. Su PC es portátil, porque lo necesita en las reuniones,
pero tiene acceso a la red local en cualquier punto
del
edificio y sin cables.
De
vuelta a casa, se encuentra con un mínimo de dos PCs, que por lógica
comparten el acceso a Internet de banda
ancha a través de una red local casera, así
como
el decodificador
del
televisor, que también le permite acceder a servicios
interactivos.
Puede
que la nevera le avise de que no hay leche, puede que no, pero
desde luego es posible encargar esos doce tetrabriks a través de
la Red.
En
palabras de David del Val, fundador de VXtreme los dispositivos
divergen, porque la gente prefiere que cada uno cumpla una sola
función.
Pero esto no impide la compatibilidad por
otros medios (estándares de comunicación
como
XML y pasarelas de intercambio de datos).
Lo cierto es que cada uno de esos dispositivos inteligentes es una
computadora y al comunicarse entre sí forman una red, que a su
vez es un subconjunto de Internet.
La
Red se extiende así de forma capilar, por los cables y por el
aire, hasta hacerse invisible,
como
lo es ahora la fontanería de las casas. El usuario sólo percibe
los servicios: agua fría, agua caliente, lavabo, ducha, cisterna.
Cómo funciona es algo que le preocupa muy
poco. Lo que sigue es una muestra de la fontanería que hará
desaparecer a la Red detrás de los muros y disuelta en el aire.
Los
viejos infrarrojos
Su
modestia le impide la notoriedad, porque es la tecnología de
todos los mandos a distancia de televisores, vídeos y demás
electrodomésticos
caseros
.
El estándar IrDA (Infrared Direct Access)
permite que un mismo mando controle varios dispositivos de marcas
diferentes y por supuesto, la existencia de mandos universales y
programables.
Aplicados a las redes de computadoras,
los infrarrojos no dan mucho de sí. Hace
falta línea visual directa entre el emisor y el receptor. En
las mejores condiciones la velocidad es de 4 Mbps, siempre que no
se interponga alguien o algo. No obstante, es una solución
barata para la transmisión de datos en distancias muy cortas,
desde un PDA o un teléfono móvil a un PC o una impresora.
Con
los cables que ya había
Mientras
las compañías eléctricas prosiguen la larga marcha que las podría
convertir en telecos, las redes locales a través de los enchufes
ya son una realidad, y una de las mejores soluciones para la casa.
No todas las habitaciones tienen toma de teléfono, pero hasta el
baño tiene toma de corriente. Basta con
enchufar unas cajas que se conectan con el PC y que transmitirán
los datos por toda la red, alcanzando con los últimos modelos los
14 Mbps.
El
costo es muy bajo, alrededor de $40 por puesto.
A cambio, cualquier electrodoméstico es una
fuente de interferencias que no bloquean la transmisión, pero la
pueden ralentizar.
La
línea
del
teléfono también es aprovechable. Con esos metros de triste par
de cobre que atraviesan la casa hasta cada toma de teléfono se
puede montar una red local de alta capacidad. El truco es el de
siempre: se envían los datos en frecuencias mucho más altas que
la de la voz.
Siguiendo
los dictados de un consorcio llamado Phone Networking Alliance el
primer estándar HPNA 1.0 proporcionaba un raquítico megabit por
segundo, mientras que la nueva norma 2.0 alcanza 10 Mbps.
Fabricantes como Intel o 3Com disponen de tarjetas para HPNA a
buen precio.
La
radio mató a la estrella
del
cable
Para
librarse de los cables, las transmisiones por radiofrecuencia son
la mejor opción.
El precio y el complejo ecosistema de estándares
son por ahora los mayores obstáculos.
Las
especificaciones para las redes
Ethernet sin cables están en el principio de todo, con la nada
populachera denominación de 802.11. Utilizando una banda de 2.4
GHz, todavía disponible, se pueden transmitir datos por división
en frecuencia (varios paquetes de datos viajan a la vez, asignando
a cada uno una frecuencia) con una velocidad de 1 Mbps.
Con
la nueva revisión 802.11b, también llamada WiFi (Wireless
Fidelity) se pueden alcanzar hasta 11 Mbps. Además es compatible
con los dispositivos 802.11. La velocidad es alta, pero todavía
está lejos de las redes con cable, que en cualquier oficina
alcanzan 100 Mbps. Por cierto, 802.11b es la tecnología empleada
por Apple en sus dispositivos de redes inalámbricas Airport, los
únicos que tienen un coste asequible.
Otro
protocolo de radiofrecuencia llamado SWAP (Shared Wireless Access
Protocol), más barato pero más lento, permite disponer de seis
canales de voz con DECT (la tecnología de casi todos los teléfonos
inalámbricos digitales en Europa) y un canal de datos a 1 Mbps.
El coste lo convierte en una buena opción doméstica.
Paralelamente,
la tecnología Bluetooth,
impulsada por un consorcio de compañías
como
Nokia, Ericsson o IBM, pretende llevarse al agua el gato de los
pequeños dispositivos sin cables.
La
tecnología se orienta a distancias cortas,
como
entre el teléfono móvil y su auricular o entre un PDA y el PC.
No obstante es incompatible con 802.11b y además hay que pagar
licencia por su uso, ya que se trata de un estándar patentado. Ambas
cosas están en su contra.
Hasta
Internet y más allá
La
astuta combinación estas tecnologías permitirán la conexión de
dispositivos dentro de cualquier recinto. Curiosamente, a la hora
de atravesar los muros y conectarse a
alta velocidad con Internet, cada una de ellas encuentra su
equivalente.
La
tecnología de redes de datos a través de la instalación eléctrica
tiene a varias compañías en Europa, Brasil y Korea pensando
seriamente en entrar en el negocio ISP. La red troncal es de fibra
óptica, y se suministra el acceso a los clientes por el cable de
corriente a partir de los transformadores. La velocidad teórica
por cliente es de 11 Mbps, pero aún queda mucho por hacer.
Mucho
más tangible es la tecnología ADSL, que ya funciona aprovechando
las líneas de teléfono existentes para transmitir datos con
velocidades de hasta 2 Mbps. Es a la compañía telefónica a
quien toca modificar sus centralitas para que puedan suministrar
el servicio, y a pesar de que crece el número de usuarios en todo
el mundo, también lo hace el de quejas por su baja calidad.
La
competencia es el acceso por cable, cuyos abogados con cierta
justicia califican a ADSL
como
un parche para prolongar la vida de las viejas líneas telefónicas.
Con el cable es posible conseguir velocidades de vértigo (hasta
30 Mbps) y los clientes disfrutan de una oferta completa: acceso a
Internet, telefonía, televisión digital y servicios interactivos.
El
pequeño inconveniente de las redes de cable es la necesidad de
abrir zanjas para llegar a cada abonado, lo que supone una enorme
inversión de dinero y tiempo. Por este motivo ya hay quien ha
decidido el asalto de la última milla (el bucle de abonado) desde
el aire.
La
tecnología se llama LDMS y consiste en la instalación de antenas
emisoras, cada una de ellas con una cobertura de unos 15 kilómetros
a la redonda, que proporcionan datos desde 4Mbps hasta 500 (!) según
los canales contratados. El cliente tiene que
instalar una antena receptora muy pequeña en una ventana.
La inversión es pequeña para el proveedor, pero el equipo de
cliente es caro. Lo bueno es que se lo pueden instalar mañana.
Y
mi UMTS cuándo llegará
Era
un gran promesa.
Una tecnología para teléfonos móviles que
permite transmitir datos a 2 Mbps. Eso se llama videoconferencia,
si quisieran, o un montón de servicios multimedia en la pantalla
del
móvil.
Ahogado
su desarrollo por un exceso de inversión difícilmente
recuperable, terminales inexistentes y el fracaso de las
operadoras (con la excepción de DeCoMo) para desarrollar
servicios en red interesantes, UMTS se retrasará al menos dos años.
Como
en el caso de los cables, a la tecnología GSM existente se puede
aplicar el parche de GPRS y llegar a unos servicios en red para el
móvil. Pago electrónico, reservas o
localización geográfica son algunos ejemplos razonables.
UMTS,
como
todas las otras tecnologías que canalizan los bits, es posible,
pero tiene que llegar a ser viable. Si varias
tecnologías consiguen sobrevivir en el mismo nicho, durante algún
tiempo las pasarelas de datos se ocuparán de que hablen entre sí.
Pero
aún así, el futuro está en la compatibilidad entre las tecnologías
y la competencia en los servicios.
Si se intenta amarrar los unos a las otras,
nos veremos obligados a seguir esperando.
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