por Darío Pescador
03/04/2001, 20:01 GMT+1
Cambiarse
de mesa o de trabajo, en una oficina de los años cuarenta, si
bien podría resultar tan traumático emocionalmente como ahora,
tenía la ventaja de que el empleado en tránsito, al cargar con
sus cosas no arrastraba tras de sí una cola formada por los
cables de su PC, su teléfono y sus conexiones a la red. En
los años ochenta y noventa, el valor
del
PC empezó a depender de sus periféricos, o
en otras palabras, de cuán inescrutable era la maraña de cables
que crecía en su parte posterior.
Odiamos
los cables. Son molestos, poco
estéticos y sobre todo limitan la capacidad de movimiento.
No es momento de defender el romanticismo
del
trabajo en lugares distintos
del
cubículo corporativo, porque no existe. El
trabajo es trabajo en cualquier lugar. Trabajar en una hoja
Excel desde una terraza con vistas al mar no es en absoluto romántico
(en lo que concierne a Excel), pero
debería ser un derecho inalienable.
Las
redes locales son la savia que corre por las venas de la oficina
actual, un sistema circulatorio de cable y conectores RJ45, que
junto con los ocho kilos que pesa un HP Vectra mantiene a los
empleados anclados a su puesto.
Nunca
más. La rebelión comienza con las clases altas,
que disponen de un portátil y quieren que realmente lo sea. Quieren
acceso a la red desde su despacho, desde la sala de reuniones,
desde el aparcamiento y, en caso de extrema necesidad, desde los
excusados
del
edificio.
El
momento se acerca. La tecnología está ahí. Sólo
falta que se vuelva lo suficientemente barata. Se
llama 802.11b, desagradable denominación equivalente a Wi-Fi.
Es un estándar abierto y tiene a los azules dientes de
Bluetooth castañeteando de miedo.
¿802
que?
Las
redes locales sin cables o WLAN (Wireless LAN) han sido un sueño
de difícil realización, al menos hasta ahora. El
mayor problema era la velocidad de transmisión de datos.
La
organización conocida como IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers) estableció en
1997 el estándar para redes inalámbricas 802.11, con velocidades
de 1 y 2 Mbps. Algo que se quedaba muy corto, teniendo en cuenta
que la red local con cables más lenta (10 Base T) proporciona 10
Mbits por segundo.
La
salvación vino con la revisión 802.11b, que permitía alcanzar
hasta 11 Mbps. La banda de transmisión es de 2.5 GHz, todavía
sin licenciar por otras tecnologías. Aunque
es la frecuencia empleada por los hornos de microondas, las
comunicaciones son de corto alcance y su potencia es muy baja,no
teman.
Las
transmisiones están codificadas y no interfieren unas con otras.
El funcionamiento para los usuarios no puede ser más sencillo: al
encender su PC portátil o PDA equipado con una tarjeta inalámbrica
en cualquier lugar dentro
del
edificio, la red local ya está ahí.
No
más Black&Decker
Las
redes locales son una parte fundamental
del
sector tecnológico, y entre ellas, las redes inalámbricas no
hacen más que crecer. En 1998 su volumen de negocio alcanzó los
300 millones de dólares y se espera que llegue a los 1.600
en 2005.
El
mercado para las redes locales sin cables no sólo está movido
por los caprichos de los tecnológicamente pudientes, sino también
por la necesidad. En áreas extensas, como las universidades o
edificios antiguos, el coste del tendido de los cables, agujereado
de estructuras y la difícil inserción de conducciones antes
inexistentes, hace que compense la instalación de una de estas
redes.
Además
las oficinas han cambiado y la movilidad empieza a ser más que
necesaria. Los momentos de mayor
productividad tienen lugar durante las reuniones entre empleados,
lejos de su mesa y su conexión a la red. Ya
no será necesario abandonar la reunión para buscar un archivo en
la red, bastará con encender el portátil en cualquier parte
del
edificio.
Ya
hay experiencias de implantación de estas redes con éxito en
campus
como
el de MIT o en la cadena de cafeterías Starbucks, donde
cualquiera que entre con su portátil dispone de acceso a
Internet. Otros proyectos
pretenden implantarlas en aeropuertos y hoteles.
Las
mayores empresas de la industria,
como
3Com, Apple, Compaq, Dell, Fujitsu, IBM o
Nokia, se han asociado en la WECA (Wireless Ehernet Compatibility
Alliance) para garantizar la compatibilidad entre los productos de
diferentes fabricantes dentro de 802.11b. Lo mejor de todo,
es que se trata de un estándar abierto que no está controlado
por ninguna de ellas.
¿Y
Bluetooth que piensa de todo esto?
Bluetooh
apareció en mayo de 1998
como
una iniciativa conjunta de Intel, Ericsson,
IBM, Toshiba y Nokia. Es una tecnología
propia para comunicar dispositivos inalámbricos en la banda de
2.4 GHz, y desde aquel día ha seguido un camino marcado por una
exagerada publicidad y escasos resultados.
Antes
de disponer de productos en el mercado, se hizo público un fallo
de diseño en la tecnología que podría afectar a la
seguridad de los datos que se trasmitían. Algo
sencillo de corregir según sus creadores, pero que no contribuyó
a la buena prensa
del
sistema.
Pero
el mayor fracaso se produjo este año en CeBIT, la mayor feria
europea de tecnología que tiene lugar cada año en
Hannover
, Alemania. El
intento de crear una red de 100 emisores situados en PDAs falló
miserablemente. El código de Bluetooth
no es abierto y no es estándar. Eso
quiere decir que, por ejemplo, los dispositivos de Ericsson tendrán
problemas para comunicarse con los de Hewlett Packard.
Un
fallo también fácil de subsanar en las versiones futuras, pero
imperdonable para una tecnología de dos años de edad y para
colmo, muy cara. Una tarjeta de
red inalámbrica Bluetooth cuesta más de 250$, y su
compatibilidad no está garantizada. En
algunos círculos se plantean su prematuro abandono.
El desenlace, en los próximos meses.
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